Cuatrocientos golpes contra la pared, han sido bastante para entender a encajar con gracia y caer de pie, a esconderlo dentro y llorar después. Por eso cuando dijo que no me quería, apreté los dientes, dije que me iría...
Sonaba de fondo, una y otra y otra vez en su cabeza.
Ella estaba en su ventana.
Sentía mucho, muchísimo frío, pero no podía moverse.
Se sentía hipnotizada por el pasar de la gente.
Esa gente a la cual nada importaba.
Ni siquiera ellos mismos.
Un escalofrío la hizo volver a su cuerpo, volver de esa abstracta realidad a la cual le había tomado cariño, ya que cada vez que la pena o la rabia la embargaban, tomaba ese tren a la nada, en donde todo iba quedando atrás (incluso su cuerpo) y su alma al fin podía descansar de tanta angustia.
Se reincorporó a la vida, dio unos pasos y lentamente sintió como un calor se apoderaba de su cabeza.
Debe ser mi resfrío, pensó, pero de repente sintió que su cabeza ardía. Se tendió en la cama y cerro los ojos. Quizás no fueron mas de 5 segundos, pero bastaron para entenderlo todo.
Sintió ese varonil aroma que le recordaba a él, y sintió cada beso suyo a lo largo de todo su cuerpo, escuchó cada palabra de amor que habían esbozado sus labios durante esos tres años y finalmente un abrazo, esos abrazos que solo él sabía dar, aquellos en donde ella se sentía totalmente segura, los que hacían que el mundo se detuviera y que la dejaban sin aliento.
Lo amo, pero ya no puedo mas ....
Ese fue su ultimo pensamiento antes de levantarse de la cama.
Tomó sus llaves, su celular, se puso su cabeza y partió.
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